Si sobran las palabras, callad: el silencio arropa

Irene Morán: en un trozo de cartón

Irene-Morán-003

Uno de los encargos más bonitos que he tenido fue el de fotografiar el interior de un museo que iba a dejar de serlo. Sus paredes ya habían sido despojadas de decoraciones, emblemas y símbolos, dejando a la vista una desnudez sobrecogedora. En las salas se acumulaba el mobiliario de las oficinas. Las tripas. Aquello que, oculto, permitía que funcionara. En un relato maravilloso de Harlam Coben el protagonista se preguntaba qué futuro tenía un forense que sufría al ver a sus pacientes muertos yaciendo en la mesa de examen. Cuando sobre el frío metal quedaba el cerebro de un corazón que había dejado de latir. Enjugándose las lágrimas trataba de determinar la causa de la muerte, la profundidad de una herida, la trayectoria de una bala. Así iba yo, fotografiando las entrañas de un cadáver todavía caliente.

Uno de esos encargos maravillosos sin cliente a la vista, sin guardia…

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