7 de septiembre 2017. Continental Drift. Taiyo Onorato & Nico Krebs. Go east, young men…

Continental Drift. Taiyo Onorato & Nico Krebs. Edition Patrick Frey. 2017.

 

 

Tapa blanda, cubierta desplegable, interior dorado, como letras en el lomo. 33×24 cm. 214 paginas. Blanco y negro y color.

Fotografías, Taiyo Onorato y Nico Krebs.

Edición, Claudio Barandun, Nico Krebs, Taiyo Onorato, Megi Zumstein.

Diseño, Hi – Megi Zumstein & Claudio Barandun.

Impresión y encuadernación, DZA Druckerei zu Altenburg GmbH, D – Altenburg.

Papel, PhoeniXmotion Xantur 115 gm. Cubierta, Goldboard 270 gm.

Tipografía, Arial.

1° edición. Tirada 1500.

Edición Patrick Frey. 2017. Zürich.

 

 

Una nueva publicación de Onorato y Krebs siempre es algo que te alegra el día. Después del libro de Milach, nos encontramos en un universo completamente distinto. La visión e inteligencia de estos autores hace que la fotografía sea un viaje fabuloso. Onorato ( Zürich, 1979 ) y Krebs ( Winthertur 1979 ) llevan trabajando juntos desde el año 2003, y han publicado ya varios libros, todos muy interesantes, como The Great Unreal, en 2009, con la misma editorial suiza, apasionante también..

 

 

 

Aquí el viaje nos lleva hacia el Este, hasta los confines de la gran Eurasia, hasta Mongolia, pasando por Siberia o el Himalaya. Un territorio mítico y desconocido a la vez, preso de la antigua Union Soviética. Onorato y Krebs , como lo haría Tintín, parten en un Land Rover en 2013, buscando reconocer, descubrir o crear imágenes en esas tierras extrañas.

Aquel viaje por los Estados Unidos dejó patente la maestría de los dos suizos para desmitificar el paisaje americano y sus iconos. La mirada de los autores en estas tierras del Este es bien distinta, pero no menos exultante. La “deriva continental”de los países del antiguo régimen comunista es tan emocional como física, vista desde el prisma de la pareja.

La imagen que nos dejan es la de un continente en construcción, una construcción de equilibrio muy precario, tal como vemos con la estructura de hormigón  de la portada. Las fotografías de Continental Drift son un continuo va y ven entre modernidad y tradición, a menudo mezcladas en la misma imagen. Nos muestran unos paisajes en constante evolución, donde siguen conviviendo poblaciones con antiguos modos de vida, ritos y costumbres. El choque es a menudo brutal.

 

 

Onorato y Krebs varían los planos, cambian la escala, insisten en los fallos, las cavidades, los intentos fútiles de tapar huecos. Por mucho que la solidez de la deseada modernidad y su progreso se quiera instalar, sigue habiendo resistencia en lo antiguo, sigue presente una cierta nostalgia y hasta melancolía. Con una gran empatía, los suizos muestran con unas preciosas secuencias como esa evolución sigue siendo frágil o traumática, tanto en el paisaje como en el hombre.

 

 

Cuesta juntar los margenes, hacer algo nuevo sin que desaparezca lo antiguo, y cada intento deja huellas profundas. Onorato y Krebs se encuentran con un territorio grandioso, y un futuro incierto, sensible a la inexorable atracción consumista de occidente.

Con el mismo genialidad que mostraban ya en The Great Unreal ( quedo admirativa ante las fabulosas secuencias y la edición ), los autores son sin embargo mucho más admirativos y sensibles al paisaje y a sus gentes. Poca ironía aquí, ( aunque si…) pero si una mirada con asombro y una gran empatía. Animales y humanos hacen lo que pueden en este espacio en plena transformación, como los  jóvenes en primeros planos, pensativos y muy bellos. El grano de la fotografía hace que parezcan salidos de la tierra, o parte integrante de ella, ineludibles.

 

Imposible aquí analizar cada imagen, cada asociación ( como no pensar en el águila norteamericana!), hay que pasar largos minutos o horas para descubrir todo lo que encierran estas fotografías, disfrutar de la riqueza del trabajo de los suizos.

 

 

Hasta donde llevará el desplazamiento de las placas tectónicas? Podrá la influencia del consumismo capitalista ante los paisajes milenarios y los modos de vida ancestrales? La lucha es dura…Allá donde miramos, encontramos bases tambaleantes, grietas y fisuras en un territorio en construcción, un futuro incierto. Las miradas dulces de los jóvenes aportan sin embargo sosiego y ternura, con sus sueños y anhelos. El futuro les pertenece.

 

Otro gran libro de Onorato y Krebs, inteligente y fino como siempre, más emotivo sin duda.

 

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